La leche materna proporciona al bebé las cantidades ideales de proteína, azúcar, grasa y la mayoría de las vitaminas que necesita para crecer y desarrollarse sano. La leche materna también contiene sustancias llamadas anticuerpos que ayudan al bebé a protegerse frente a numerosas enfermedades infecciosas. Diferentes estudios han comprobado que los bebés amamantados tienen menos probabilidades que los bebés alimentados con fórmula de padecer infecciones de oído, respiratorias (como neumonía y bronquiolitis), meningitis, infecciones de las vías urinarias, vómitos y diarrea. Los estudios sugieren también que los bebés amamantados podrían tener menos probabilidades de morir a causa del síndrome de muerte súbita del infante. La leche materna es fácil de digerir para el bebé y esto hace que produzca menos gases y sienta menos malestar.

Los beneficios de la lactancia materna pueden durarle al bebé toda la vida. Los estudios sugieren que las personas que fueron amamantadas tienen menos probabilidades de desarrollar alergias, diabetes dependiente de insulina, ciertas enfermedades intestinales crónicas (enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa) y, en el caso de las mujeres, cáncer de mama. Los bebés amamantados también podrían tener menos probabilidades de volverse obesos en una etapa posterior de sus vidas.

La leche materna también puede favorecer el desarrollo del cerebro.  Algunos estudios sugieren que los niños que fueron amamantados podrían obtener mejores resultados en  las pruebas de capacidad cognitiva que los niños alimentados con fórmula.